Libros y Café con Adriana Muela
Lectura, entrevista, música, arte, poesía, reflexiones y recomendaciones para inspirar tu día a día.
Carta Editorial
La lectura es un lugar al que volvemos para entendernos, para calmarnos, para mirar el mundo con otros ojos. Y esta revista existe justo para eso: para recordarnos que las historias están vivas, que nos acompañan y que tienen la fuerza de cambiar nuestro día, a veces incluso nuestra vida entera.
En cada edición te invitamos a detenerte unos minutos, a respirar con una taza de café en la mano y a leer con calma. Aquí conviven libros, música, arte, diseño, recetas, cotidianidades y reflexiones que buscan algo simple: que la cultura sea una compañía cercana y real.
Gracias por estar aquí. Por leer, por sentir y por dejarte sorprender.
Que esta edición te encuentre justo donde lo necesitas.
— Adriana Muela
Miscelánea
Por Vanessa CastroPATRIOTA
La primera vez que salí de México tenía catorce años. Era el clásico viaje de quinceañeras rumbo a Estados Unidos y, siendo honesta, no tenía la menor idea de hacia dónde me dirigía ni de lo que significaba encontrarte con otra cultura, otro país y otras costumbres. Para mí era simplemente “ir a USA”, como si eso por sí solo lo explicara todo.
Al llegar, todo me resultó ajeno, como haber aterrizado en un planeta nuevo. El idioma sonaba distinto, el paisaje parecía salido de una película y hasta la comida tenía otra lógica. Me sentía pequeña y fascinada al mismo tiempo. Recuerdo haber pensado, con esa contundencia propia de la adolescencia, que ese lugar era mejor que el sitio donde había nacido y crecido toda mi vida. Así, sin matices, sin contexto y sin historia.
Los días transcurrieron entre asombro y felicidad. Cada tienda era una experiencia, cada conversación un reto, cada detalle una novedad. Pero poco a poco empezó a colarse un sentimiento inesperado: la nostalgia. De pronto, no todo era mejor que mi México. Comencé a extrañar lo que antes daba por sentado, el ruido familiar, la manera de hablar, la comida con sabor a casa, la sensación de pertenecer sin tener que explicarme.
El momento decisivo llegó en uno de los eventos a los que asistimos como grupo. Sin planearlo, alguien comenzó a cantar “Cielito lindo” y, en cuestión de segundos, todas estábamos entonándolo con la potencia de nuestros pulmones. No importaba si desafinábamos ni si la letra se mezclaba entre risas. En ese instante entendí algo que no sabía que necesitaba entender: ser mexicana no era un detalle más en mi identidad, era el centro de ella. Sentí un orgullo profundo por mis raíces, por mi origen, por ser latina. Una emoción difícil de describir, como si algo dentro de mí se hubiera acomodado en su lugar.
Hace unas semanas volví a experimentar una sensación parecida mientras veía el medio tiempo del Super Bowl LX. Esta vez no estaba confundida ni lejos de casa, estaba consciente de lo que sentía. Al ver nuestra cultura representada, celebrada y coreada frente al mundo, comprendí por qué aquel momento a los catorce años había sido tan poderoso. No se trataba de comparar países ni de decidir cuál era mejor. Se trataba de reconocer de dónde vengo y lo que eso significa en mi historia.
Como latinos, nuestras raíces son profundas. Crecen incluso cuando no nos damos cuenta. Sí, enfrentamos problemas sociales y económicos y sí, tenemos retos enormes; pero nuestra riqueza nace de algo más esencial, la calidez de nuestra gente, la forma en que nos abrazamos, la manera en que convertimos cualquier reunión en fiesta y el amor genuino por nuestra tierra. Y no hablo de un amor mal entendido o ciego, sino de uno que reconoce nuestras fallas y, aun así, elige quedarse, cuidar y construir.
Con el tiempo entendí que ser patriota no es gritar más fuerte que los demás ni idealizar lo que somos. Es aceptar nuestra historia completa, con luces y sombras, y sentir que aun así vale la pena defenderla. Es emocionarte cuando escuchas una canción que te conecta con tu infancia, cuando pruebas un platillo que sabe a hogar o cuando ves tu cultura ocupar un escenario que antes parecía lejano. Es saber que, aunque el mundo sea enorme y fascinante, siempre habrá algo que te llame por tu nombre y te recuerde quién eres. Y cuando eso pasa, no hay comparación posible, hay identidad, hay orgullo y, sobre todo, hay casa.
Marginalia
Por David SalinasEntre pantalla y papel
Aún recuerdo cuando compré mi primer Kindle: me puse a ahorrar todo el dinero que me regalaban de navidades y cumpleaños hasta que alcancé para cumplir mi sueño ñoño de tener muchísimos libros. Era 2011, y aunque apenas tenía diez años, la posibilidad de cargar miles de libros conmigo en un aparato con el grosor de un lápiz (todavía recuerdo esa parte de la publicidad) sonaba como una utopía.
Disfruté mucho mi Kindle, aunque al mismo tiempo seguí comprando y leyendo libros impresos cuando algo me llamaba la atención en la librería. Ya entrando a la licenciatura, y anticipando el volumen de libros que tendría que leer para completarla, me animé a comprarme una versión nueva. Las ventajas eran varias: cada libro que me compraba salía significativamente más barato que el mismo libro impreso (así me justifiqué la compra como una inversión), y era mucho más práctico cargar el Kindle que andar con varios libros en la mochila para mis clases. Además, podría usar las herramientas de búsqueda para facilitar el proceso de analizar las lecturas y escribir ensayos.
De igual forma, mi hábito de coleccionar libros impresos sigue fuerte. Me gusta mucho la experiencia de ir a una librería, ver lo que tienen, encontrar algo que me llama la atención y agregarlo a mi librero. Mi gusto por el diseño y los medios impresos también me hacen apreciar mucho los libros como objeto: me fijo en cosas como la calidad del papel, el diseño del libro, y la encuadernación.
En teoría da lo mismo leer un libro impreso y uno digital, pero me he dado cuenta que la manera en la que leo es diferente en cada formato.
Por ejemplo, soy de las personas que cuidan los libros para que sigan como nuevos, así que es mucho más probable que subraye un libro digital. También hay cosas no tan obvias, como el hecho de que, al no tener un lugar físico con un separador que marque dónde estoy, hojear libros digitales se me hace una pesadilla. Si ya avancé, es poco probable que me regrese, y cuando lo hago se siente más riesgoso. Puede que no volver a revisar algo afecte mi comprensión, pero el formato hace que deje de hacerlo.
Últimamente también he notado que leo más apurado en formatos digitales. Simplemente saber que tengo muchos otros libros disponibles y sin leer me hacen sentir cierta presión. A veces me doy cuenta de que estoy leyendo más rápido y superficialmente porque siento que debo leer lo demás también.
Si leo en mi celular o computadora, la experiencia es totalmente distinta. Ya sea que esté leyendo artículos en internet o algún otro libro que tenga en la aplicación de Kindle, las cosas que acabo de mencionar se multiplican: es todavía menos probable que me vaya hacia atrás a volver a revisar algo que ya había leído, es todavía más probable que lea más apurado y sin poner demasiada atención a lo que estoy leyendo, y es muchísimo más probable que me distraiga con otra cosa. En el celular no es solo la presión de sentir que tengo más artículos y libros guardados, tengo además mi correo, mensajes, y mil otras cosas que podría estar viendo en lugar de leer.
Aunque sigo leyendo en todos los formatos, me he vuelto más consciente del impacto de esa decisión en mi experiencia de lectura. Ahora pienso un poco más en lo que quiero obtener de una lectura y el formato que me facilita más ese proceso. Si lo que quiero es entretenerme, la practicidad del Kindle gana, pero si quiero una lectura más profunda, ahora le doy prioridad al papel.
Lecturas Que Te Salvan del Aburrimiento
Por Mariajose Lopez MenaMes del amor, febrero 💘✨ un mes donde los romances se vuelven protagonistas y, en Lecturas que te salvan del aburrimiento, amamos los romances y el día de San Valentín. Pero no amamos los libros típicos llenos de clichés. ❌
Amamos los libros que te envuelven, que no te sueltan y que no puedes dejar de pensar en ellos. 💭📖
Imagínate que un día te eligen para vivir en un palacio, usar vestidos increíbles y competir con 35 chicas por el amor de un príncipe guapísimo… 👑✨ pero tu corazón ya pertenece a alguien más. Cada decisión puede cambiar tu vida para siempre, y mientras el mundo te observa, tienes que descubrir qué quieres de verdad. 💔
Así se siente La Selección, un libro de Kiera Cass. La Selección es el primer libro de una trilogía que combina romance y drama de una forma adictiva. Y seamos honestos… ¿Quién no quisiera estar en el lugar de estas chicas y vivir una vida de sueño? 👗💭
Y si eres fan de las princesas de Disney 👸✨, sin duda no te puedes perder La Selección. Además, otro libro que te hará viajar directo a tu infancia y recordar a Cenicienta es Cinder, de Marissa Meyer, parte de la saga Crónicas Lunares. 🚀👠
Recuerda: leer te enseña más allá de la realidad 🌍📚. Te muestra miles de mundos y experiencias, y hasta puede enseñarte que el amor y el romance no son como nos los contaron… son mucho más que un simple final feliz. 💕
¡Feliz San Valentín! 💌
¡Feliz mes! ✨
¡Feliz todo! 💖
¡Y viva los libros! 📚🔥
Porque hay libros para todos 💫
EsencIA de café
Por Guillermo García MuelaLa Universidad que no se dio cuenta
El algoritmo ya llegó al salón y no pidió permiso
Si hoy tienes 18 años y entras a la universidad, es muy probable que el título que recibas en 2030 valga menos que el prompt que escribiste ayer. Así de incómodo. Así de real. No lo digo yo. El Foro Económico Mundial proyectó que para 2030 se desplazarán 92 millones de empleos por automatización, mientras surgirán 170 millones nuevos, pero no en las mismas áreas ni con las mismas reglas.
Las universidades siguen formando para el mundo que se está yendo, no para el que ya llegó. McKinsey estimó que hasta el 30% de las horas trabajadas en EE. UU. podrían automatizarse antes de 2030. Goldman Sachs habló de 300 millones de empleos potencialmente afectados por IA generativa. No es ciencia ficción: es reconfiguración económica.
La pregunta no es si las universidades van a cambiar. La pregunta es cuáles sobrevivirán. Hoy cualquier estudiante con acceso a modelos avanzados puede aprender más en seis meses que lo que antes tomaba dos años, siempre que sepa preguntar. La ventaja ya no es memorizar, es formular. Ya no es repetir, es integrar. Ya no es acumular créditos, es crear valor verificable. El MIT, Stanford y Harvard no van a cerrar. Van a mutar. Las que están en riesgo son las universidades que venden título como boleto automático al empleo. Ese modelo murió el día que un algoritmo empezó a escribir mejor que el promedio de la clase.
El dato más brutal: en Estados Unidos ya cayó la matrícula universitaria casi 15% desde 2010, según el National Student Clearinghouse. No es casualidad. Es desconfianza estructural. Y aquí viene el punto que nadie quiere decir: en dos años veremos universidades fusionándose, cerrando campus físicos o transformándose en plataformas híbridas impulsadas por IA. No todas, pero sí muchas. No es el fin of the education. Es el fin del formato.
La universidad que sobreviva será la que enseñe pensamiento crítico asistido por IA, ética tecnológica, integración interdisciplinaria y capacidad de adaptación continua. Porque la inteligencia artificial no elimina la universidad. Elimina la mediocridad académica.
El aula que no se reinvente será museo. Y el museo, aunque tenga prestigio, no compite con el futuro. La pregunta no es si tu hijo irá a la universidad. La pregunta es si la universidad a la que vaya seguirá existiendo cuando se gradúe.
Fluye con Rosa Muela
Por Rosa MuelaUN AMOR DE PELÍCULA
Ella se marchó dejando todo atrás. Él no podía imaginar su vida sin ella. Corrió al aeropuerto, la abrazó con fuerza y le pidió que se quedara. Durante años, historias como esta nos hicieron creer que eso era amor.
Pero no todo lo que parece romántico lo es.
Existen relaciones donde la violencia no deja golpes visibles. Se disfraza de celos “por amor”, de control “por cuidado”, de prohibiciones “por protección”. Se esconde en revisar el celular, decidir con quién puedes hablar o cómo debes vestir. Y poco a poco, sin notarlo, los momentos de calma se vuelven escasos mientras crece la sensación de perderte a ti misma.
El bienestar emocional también implica aprender a identificar cuándo una relación deja de ser saludable. Y sí, reconocerlo duele. Duele soltar, duele dudar, duele aceptar que alguien a quien quieres puede lastimarte.
Pero el amor verdadero no se impone ni aprisiona. El amor cuida, respeta y acompaña.
Si necesitas apoyo, está bien pedir ayuda. Acércate a quienes te quieren bien y camina, paso a paso, de regreso a ti. Vuelve a amarte tanto que solo tengan lugar en tu vida quienes te respeten por quien eres.
La Cueva del Oso
Por El OsoFebrero, el bello febrero.. cuando se celebra el día del amor y la amistad.. pero y después qué?? 😟
Pienso en el 14 como un día de celebración solo para aguantar y llegar a la primavera. Depende de las zonas en algunos lugares el frío es abrumador y en otros el calor, entonces en pocas palabras solo hay extremos. Ningún día templado que apacigüe. Claro el 14 es bello si tienes con quien celebrar y no es por ser aguafiestas simplemente estoy aclarando un punto que es realidad para algunos. Si no tuviste a alguien con quien celebrar este día entonces no te preocupes porque el 22 de Febrero es el actual día designado de la Margarita... y no hablo de la flor… 🌼 :’)
Es incierto el origen y fecha exacto de su creación ya que hay distintas fuentes que dicen ser la autora de dicho cóctel tan reconocido a nivel mundial queda claro que se inspiraron en una mujer o querían deleitar el paladar de una según las historias . Lo que sí es que se llegó al acuerdo de celebrarse el 22 de febrero y no estamos tarde para celebrarlo, ya dejé una receta para celebrar el 14 de febrero, ahora celebraremos este 22 con una receta de margarita, te dejo la clásica: Aunque las proporciones varían según el gusto, su versión “clásica” suele seguir esta proporciona: Tequila: 2 oz (60 ml) de tequila blanco 100% agave, Licor de naranja: 1 oz (30 ml) de Cointreau o Triple Sec, Jugo de limón fresco:1 oz (30 ml) Y Endulzante: 1/4 oz (7.5 ml) de jarabe de agave (opcional, para balancear la acidez). La preparación es tan fácil como escarchar el borde de una copa con sal usando una rodaja de lima. Agitar todos los ingredientes en una coctelera con hielo abundante por unos 20 segundos y colar sobre la copa (con o sin hielo nuevo)
Ahora que si te quieres ver mas divertid@ te reto a que cambies el jugo de naranja por toronja y la sal por chile en polvo. Espero disfrutes de este cóctel de la mano de un buen libro, si buscas ahondar en historia de la coctelería te recomendaría Imbibe! De David Wondrich un libro que hace homenaje al padre de la coctelería, historias y recetas antiguas. Nos vemos en la siguiente edición.
Saludos desde La cueva del oso.
Pingüino Rodríguez
Por Hugo LópezTu Música Favorita
Para mí solo hay dos tipos de música: la que te llega y la que no. Y no me refiero a la que arriba, sino a la que te pega. La que sientes, la que alegra. La que cala. No me atrevo a clasificar o a evaluar los géneros musicales, que son muchos, casi infinitos, a través del mundo, sus regiones y sus años. El gusto por la música es subjetivo. La frase “cada cabeza es un mundo” aplica perfectamente cuando nos abocamos a evaluar una canción, un artista, una corriente o un género. Cada “escuchador” es un concurso de American Idol por sí mismo, y su veredicto es tan válido como el tuyo o el mío.
Hace unos meses mi esposa regresó de un bazar y me regaló un libro que hoy ya tiene un lugar especial en nuestra biblioteca: “Cancionero Serrat”. Pasta dura. Color azul índigo. Añil. Publicado por Aguilar en el año 2000 y que, con una caligrafía de esas que ya casi nadie usa, está dedicado de la siguiente manera:
“Para mi hermano Enrique, con la intención de que al leer estas páginas; un poco de la época en que estas canciones fueron escritas y cantadas se haga presente, con sus alegrías y algo de la nostalgia que envuelve el recuerdo de tiempos pasados”.
Ma. de Lourdes Feb. 12 - 2001
Leer esas honestas y emotivas líneas cuando Itzel me dio el libro me dejó sin palabras. Bueno, creo expresé un -puta madre…- o un -Dios mío…- en voz muy baja, volteando hacia arriba y arqueando el cuerpo. Le agradecí enormemente por semejante y tan simbólico regalo. En 419 páginas vienen las letras de todas las canciones de Joan Manuel Serrat. El prólogo de Antonio Muñoz Molina es, en sí mismo, un homenaje de altura que, cuando lo leí, confieso que me hizo tener un mejor día. Inmediatamente después, tomé mi guitarra acústica La Sevillana, la más viejita, la de menor costo, la de un cariño especial, y toqué “Señora”. Tenía al menos seis años de no tocar esa canción. A mi suegro le encantaba. Iba a poner aquí un extracto de dicho prólogo, pero mejor consigan el libro y léanlo completo. Es un deleite. No he terminado de leer la Introducción. Es el último fragmento en prosa de la obra, porque después ya son puras letras de canciones. Lo tengo reservado como ese último pedazo de postre que se come a medianoche.
He hurgado entre las páginas. Entre la poesía. Leí detenidamente “De Cartón Piedra”, cantándola en voz baja y respetando el compás. Casi lloro. Otra pieza de las pocas que saqué en la guitarra y cantaba en todas las reuniones por allá de 1998, cuando mi amigo Tony me ayudó a ver como con lupa el mundo de Serrat, y que yo había conocido vagamente solo porque a mis cinco años de edad a veces sonaba en la radio o mis padres lo ponían en el tocadiscos Panasonic del 3828 en la colonia Torremolinos. No fue hasta escuchar a Tony, y particularmente a su mamá (una señora icónica), tocar y cantar a Serrat, cuando me compré mi primer CD de éxitos. Lo escuchaba todos los días durante 4 meses yendo a un trabajo de oficina que odiaba. Aprendí a tocar y cantar varias canciones. Acordes que me formaron. Letras que me forjaron. Tengo amigos músicos que comparten el fenómeno de no ponerle atención a la letra de una canción hasta después de haberla escuchado unas veinte veces. Para mí, la letra es la tarjeta de presentación de una canción. Así también lo puede ser un arreglo o una transición a una nota menor. Luego la absorbo completa, y en microsegundos, si me llega, la hago mía, no importa el género o el expositor.
Con el paso de los años he logrado identificar una constante: me gustan las canciones honestas; sencillas pero profundas. Creadas por trovadores. Y esos trovadores se encuentran en distintos géneros y también reconozco que tienen canciones que no me gustan. Quizá por eso, para escucharla, tocarla y hasta componerla, tiendo a ir tan fácilmente a la música de raíz: el blues, el folk, el country, el reggae, el flamenco, por mencionar algunos. Todos sus expositores cuentan historias, comparten el mundo visto con claridad a través de su lente. Te llevan a las emociones más básicas, a través de momentos complejos de la vida, cantados en piezas sencillas.
Por eso me gusta mucho “So Long Marianne” de Leonard Cohen y su vulnerable y doloroso relato sobre la pérdida del amor de su vida. Por eso me gusta “Old Man” de Neil Young, con su sabio reflejo a sus veinticuatro años en el rostro del cuidador de su rancho. O “Lay Lady Lay” que te lleva a un rincón íntimo y cursi de Dylan, sea lo que sea a lo que se refiere esa canción (hay muchas versiones y él no lo aclara). O “Angel Flying Too Close to the Ground” de Willie, “Rock and Roll Suicide” de Bowie o “Debtor’s Blues” del joven cantautor tejano Vincent Neil Emerson, que pone palabras a esa situación tan necesaria de la autocompasión y el perdón propio.
¿Cuál música entonces es nuestra favorita?
La que nos llega. La que nos llega hondo. La que nos habla. Como esa dedicatoria del “Cancionero Serrat”. No sé si María Lourdes y su hermano Enrique aún siguen en este mundo. Lo que sí sé es que Serrat les cambió la vida y les trajo alegrías. Que una hermana las revivió en su hermano al regalarle ese libro. Que mi esposa, al regalármelo, me hizo el día y me sacó una sonrisa que me quedó como tatuada en el corazón, y que todo junto me invitó a escribir estas líneas que en este momento tienes frente a ti.
Y justo de todo esto se trata la música.
Toda.
La que acabo de describir.
La que no te gusta pero le gusta a otros.
Y también tu música favorita.
Escaparate de estilo
Por Sandra LealArquitectura bajo el mismo sol
Crecí en el tiempo de la Guerra del Golfo Pérsico. Ese nombre, en mi infancia, estaba cargado de imágenes de conflicto y mapas lejanos marcados por la guerra imaginar un día nadar en sus aguas jamas paso por mi cabeza a finales del mes de enero hice el viaje más largo de mi vida a los emiratos arabes vi por primera vez el Golfo Pérsico frente a mí, sentí que algo se resignificaba. Encontré luz, quietud y una cultura lejana que se ha constuido en los ultimos 54 años .
Viajé a Abu Dabi y Dubái con una intención clara: recorrer museos como arquitecta, en este viaje necesitaba entender cómo esta federación ha impactado el mundo con su arquitectura sin limites y fortalecida de tecnología.
En Abu Dabi, la sensación fue de pulcritud sublime. En el Museo Nacional Zayed todo parece estar en su lugar exacto. No hay ruido, no hay exceso. La perfección no se impone; se percibe. La arquitectura no distrae del contenido, lo enmarca con respeto. Se siente como un ejercicio de precisión casi espiritual.
Más adelante, el Museo de Historia Natural de Abu Dabi me reveló otra escala: vasto, completo, profundamente narrativo. No solo exhibe piezas, construye una historia envolvente sobre el tiempo y la evolución. Caminar por sus salas es recorrer millones de años con claridad y asombro, es como caminar en nuestra propia historia capa tras capa.
Pero hubo algo que me impactó de manera especial: la relación con el sol. En una región donde la luz es intensa y constante, la arquitectura no intenta dominarla; la entiende. Observé fachadas que se transforman, estructuras móviles que se abren y se cierran como si respiraran, sistemas de sombreado que filtran la luz con delicadeza. Al Bahar, una torre cuya piel cinética responde al movimiento solar reinterpretando la tradición de la celosía árabe en clave contemporánea. Llevar la arquitecura a un nivel preciso de conectar historia, tecnología y sotenibilidad.
Luego está Dubái, vibrante y cosmopolita, con el Burj Khalifa elevándose como símbolo de ambición. La ciudad se mueve con rapidez, con ajetreo, con una energía casi eléctrica. Y sin embargo, incluso en su verticalidad desafiante, el diseño climático y la precisión constructiva siguen siendo protagonistas.
También entendí algo más profundo: los Emiratos han construido su identidad seleccionando lo mejor del mundo e integrándolo con visión estratégica. Universidades como NYU Abu Dhabi y la Sorbona Abu Dhabi conviven en su territorio como parte de una apuesta cultural clara: aprender del mundo para redefinirse.
Regreso a Monterrey con una convicción serena. Nuestro impacto en la arquitecura no debe imitar, sino interpretar. Debe dialogar con nuestro propio sol, con nuestra geografía y con nuestra identidad. Porque al final, la arquitectura más poderosa no es la que impresiona, sino la que comprende su contexto y lo transforma en experiencia.
Y bajo cualquier latitud, el sol siempre será el mismo.
Artepuerto
Por Ninfa RomeroDel museo a la feria de arte y al TikTok: las nuevas formas de consumir las artes
-El arte ha pasado del museo al scroll- dije en medio de un grupo de personas en una reciente y reconocida feria de arte y… Es real que transitamos un camino cuyo destino podemos imaginar pero no conocemos con certeza.
Plataformas como TikTok y las ferias de arte están transformando nuestra manera de descubrir, mirar y consumir las artes. Y sin estar a favor o en contra, reflexiono al respecto para tomar conciencia de lo que ganamos, lo que perdemos y qué hacemos en ese primer encuentro con la obra en la era en que vivimos.
Un fenómeno muy actual, el arte ha dejado de ser exclusivo de los museos y los espacios culturales para pasar a visitar las ferias y apoderase de nuestras pantallas. Ahora, una obra puede hacerse famosa no por habitar una sala de un reconocido museo o haber sido curada por la más prestigiosa curadora, sino porque alguien la grabó con su celular, le puso música, un texto ingenioso… y la subió a TikTok… ¡Zaz!
Y así, muchas personas conocen una pintura, una exposición o a un artista, primero en la pantalla que en vivo. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué está pasando con nuestra manera de consumir arte?
En los últimos años, hemos visto cómo obras, exposiciones e incluso artistas se vuelven virales gracias a los recursos tecnológicos y las diversas formas que hay para narrar el proceso creativo y es así como, artistas, colecciones e instituciones, encuentran nuevas vidas en las redes sociales; museos, galerías, ferias, artistas, colecciones y exposiciones, han adoptado formatos pensados para compartirse, fotografiarse y grabarse. Y en este nuevo panorama, el arte ya no solo se contempla: se experimenta de múltiples maneras.
¿Democratización o superficialidad?… Lo positivo: el arte se vuelve accesible y cercano; Lo peligroso: normalizar el consumo acelerado y sin contexto que reduce procesos complejos a videos de 15 segundos y confunde likes con profundidad. Ver mucho sin comprender nada.
El problema no es TikTok, ni la ferias de arte, sino quedarnos solo ahí. Porque aunque en general, el arte no se ha resistido al cambio y, hasta cierto punto, ha sabido aprovechar las circunstancias actuales, algo se pierde y se gana en el proceso.
No se trata de elegir, las ferias y las pantallas pueden ser buenas puertas de entrada y el reto no se centra en la cantidad de productos artísticos que tenemos a nuestra disposición, sino en la atención y la conciencia con que decidimos acercarnos a ellos.
Hoy, el arte se mueve al ritmo de los algoritmos, pero sigue cumpliendo su función: hacernos sentir, pensar y cuestionar. Porque incluso en 15 segundos, el arte sigue teniendo el poder de transformarnos.










